NOCTURNAL, POEMARIO DE MICAELA PAREDES BARRAZA

                               

La poesía de Micaela Paredes –quien es Licenciada en Letras Hispánicas por la Pontificia Universidad Católica, y que en su breve edad (Santiago, 1993) ya cuenta con varios prestigiosos reconocimientos universitarios a su labor poética– se relaciona con la tradición clásica de la poesía chilena y española. Utiliza estructuras métricas como el soneto, la sextina, el verso perfectamente medido y rimado, con un cuidadoso uso del lenguaje. Esto se nota incluso en el nombre mismo del poemario, “Nocturnal”, palabra que, nos dice la RAE, proviene del latín tardío; título que nos coloca en clave de una poesía culta, académica (en el mejor sentido del término), con un alto concepto de la palabra en sí. Los temas abordados en este volumen nos hablan de una visión poética que reflexiona sobre la palabra, el decir, la experiencia poética del ser en relación con la vida profunda. Las noches están presentes, como una metáfora del gran misterio de la vida, donde están las experiencias y los cuestionamientos esenciales de la humanidad: “Vivir es soñar días sabiendo que es de noche” (“Noche adentro”); “Solo la noche sabe cuánta noche / cría un cuerpo atizado por la pena”; “La luz del día solo engendra sombra / y solo somos cuerpos dando sombra” (“Fábula del silencio”); “No quieres soñar más con ese pozo. / Te asomas a las aguas y el abismo / sus ojos sin ayer posa en tus ojos. / Es otro el que hoy observa. / Siempre el mismo” (“Memorias del pozo”).

Delicadamente la voz lírica expresa un estado de alma, sin estridencias, con insinuaciones, metafóricamente, aludiendo a las noches: “Oí el tañer de las campanas / mientras afuera se extendía / y se enlazaba con la noche / mi noche huérfana de días” (“Naufragio”).

La experiencia de la poeta ante el espejo, ¿quién es el que verdaderamente está allí? ¿Y de este lado, quién? Lo que surge de este serio juego poético: “Asirme cada día en el espejo / al rostro siempre extraño que me acecha. / Entre él y yo la eterna y sutil brecha: / es otro el que se muestra en el reflejo” (“Del otro”).

Hay versos en los poemas más extensos que podrían ser ellos solos un poema en sí, v. gr.: “Hoy vivo tan muriendo en este cuerpo / que a veces me amanece solo barro” (“Desde el barro”). Otros textos breves, que dejan sus resonancias, cuando se interpela a lo que nos sobrepasa: “¿Será débil también / la carne del destino / como para tentarla / de nuevo con las nuestras? (“Copla”).

El poema “Mis palabras”, compuesto en heptasílabos rimados asonantemente (no es un dato menor señalar esto, en un tiempo en que predomina el verso libre), expresa la relación que la poeta establece con las palabras, la búsqueda, el encuentro, la lucha con ellas: las palabras como la materia requerida para plasmar, para cristalizar la experiencia del poema. Es una verdadera arte poética. Citamos parte del comienzo y del final, para ilustrar esto último que afirmamos: “Porque siempre me duelen / unas pocas palabras. / Me arrebatan el aire / anegando la estancia / cuando en cuerpo de noche / se presentan y llaman. / […] ¡Baja / ángel o hada, / y haz lo que no he podido: / terminar de alumbrarlas!”. Esas palabras que dialogan, interactúan con la poeta; esa evocación al “ángel o hada” para que la ayude a lo que es el fin que tiene: alumbrarlas.

Transcribimos también parte del bellísimo poema “Decir” –de carácter metafísico– con que se cierra este volumen: “Decir, en el anhelo de que al fin / no haya más que decir, cese el anhelo. / Decir para poder callar un día / y oír todo resuelto en el silencio, / […] ¿Por qué callaste, Dios, antes de tiempo? / ¿Por qué no terminaste de decirnos? / Con la palabra a cuestas, con el sueño / de terminar tu frase, nos dejaste? / ¿Qué quieres que digamos? ¿Cuál el verso / que llene la oquedad por donde brota / cada palabra huérfana de vuelo? / […] Ayúdame a callar, seca este cauce. / Ahógame el decir, sopla esos ecos. / Descansa en mí tu luz, quema mis labios / y dime, voz callada, en ese beso, / mi nombre: solo así, tras escucharlo, / podré olvidarme en ti, toda silencio”.

“Nocturnal” es la ópera prima de esta joven autora, que posee un admirable manejo del lenguaje, de las estructuras clásicas de la poesía castellana, un equilibrio entre la pasión implícita en sus temas y la forma artística de expresarse. Poeta con un gran sentido estético, en armonía con una experiencia poética de sentir, ver, reflexionar el mundo que la interpela y la lleva a escribir. Conjunción, equilibrio entre el cultivo de la palabra y el “habitar poéticamente” este mundo: claves de esta poesía.

J.M.R., julio de 2017

 

Nota: Micaela Paredes Barraza es exalumna del Colegio San Agustín (egresó en 2011, obtuvo el Reconocimiento Poeta Eduardo Anguita, al Mejor Humanista). Ha recibido las siguientes distinciones: Mención Honrosa del Premio Roberto Bolaño (2014); primer lugar en los certámenes Concurso Literario UC (2014 y 2015); Premio Facultad de Letras, mención poesía (2015), y Concurso Poesía y Trascendencia Pastoral UC (2016).

 

Algunos de sus poemas han sido publicados en España, Venezuela y Chile.