Concierto de exalumno Diego Castro Magas en el GAM

El día martes 8 de agosto Diego Castro Magas (1978), doctorado en Interpretación Musical Contemporánea, en Huddersfield, Gran Bretaña, dio un concierto en el GAM ante un numeroso público, esto en el marco del Ciclo de Música de Cámara del Instituto de Música y Facultad de Artes de la Universidad Católica. Presentó una “Panorama de la guitarra contemporánea”, como señala el programa, que consistió en su primera parte: As air, as light de Christopher Fox (1955), y Los caprichos de Goya del compositor austriaco Clemens Gadenstätter (1966), y en la segunda: Knokler de Wieland Hoban (1978) y Quartett für 4 Guitarren de Georg Friedrich Haas (1953).

Esos son los datos “técnicos”, para quienes son versados en música, y gustan de conocer las composiciones contemporáneas.

Veamos las impresiones que puede provocar en cualquier espectador-auditor: apasiona ver y escuchar a un músico que posee un dominio extraordinario del instrumento que pulsa, un genuino virtuoso que tiene en sus manos la guitarra y en el espíritu, en el alma, en la cabeza, la música. Es un espectáculo verlo también en su interpretación, la gestualidad nos habla de quien se adentra en el territorio de la música, del arte, de la exploración musical, de las posibilidades de su instrumento para extremarlo, con la concentración de un derviche, de un sufi que danza. No hubo melodías más o menos conocidas –al menos por quien redacta esta nota, que sabe de música tanto como de las estrellas, es decir, infinitamente menos de lo que quisiera, pero que gusta de escucharla y contemplarlas, respectivamente–, sino, sin concesiones, el adentrarse en los territorios que tienen relación con el descubrimiento, con la exploración de la música por medio de la guitarra. Junto con eso, en el segundo de los temas hay textos declamados, que armonizan plenamente con la música. Textos en alemán enunciados con una templada voz, con el tono justo que expresa los sentimientos del artista. Se puede no conocer el idioma en que se declama, pero sí, en los matices, en la voz grave, el auditor-espectador percibe la emoción, ese lenguaje universal que nos permite conectarnos con el espíritu de alguien. Extraordinaria declamación, virtuosa la guitarra, lírica interpretación. El espectador-auditor capta cuando la cuerda está bien pulsada y los sones arrastran consigo una experiencia estética verdadera y profunda.

Dejo para los especialistas lo que es de ellos, me quedo con la emoción de quien escucha y ve, y se deja llevar por el virtuosismo, por el lirismo, por la interpretación lírica de un músico que no transige con nada que no sea la música y la emoción mismas. El arte es algo muy serio: es conectarse o buscar lo que está siempre cerca de lo sublime. O es lo sublime mismo. No es para “entretener”, es la eterna búsqueda de aquello inefable que el artista intuye o presiente y lo que trata de aprehender a través de su instrumento, ya sea la guitarra, la literatura, la pintura, u otro lenguaje artístico.

Un gran concierto de un músico de notable talento, de una admirable capacidad expresiva e interpretativa, y un dominio de la guitarra que solo pueden ser fruto de un don y de la disciplina, de un largo ejercicio. En literatura, en poesía, sería un poeta inspirado, que no pretende agradar a nadie, sino que a través de la palabra se adentra en la exploración en un mundo vasto y apasionante. En la música, Diego Castro Magas es un intérprete que quiere llevar siempre más allá las posibilidades del instrumento que pulsa y del sueño del compositor que él interpreta o vuelve a soñar.

J.M.R., agosto de 2017