POEMAS DE MICAELA PAREDES

En el año 2014 nuestra exalumna Micaela Paredes Barraza, Premio a la Mejor Humanista de la Generación 2011, obtuvo el Primer Premio de Poesía del Instituto de Letras de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Este es un valioso reconocimiento a la actividad literaria, poética, de Micaela Paredes.

En el año 2015 también obtuvo ese importante premio, con su poema “Cuerpo de noche”. Publicamos los poemas ganadores, como un testimonio de los inicios literarios de nuestra novel poeta. Antes ya dejaron su testimonio otros escritores exalumnos del colegio, entre ellos los Premios Nacionales de Literatura, Carlos Droguett, novelista, y Eduardo Anguita, poeta.

 

DESPERTAR

 

(Primer Premio de Poesía Instituto de Letras de la Pontificia Universidad Católica de Chile, año 2014)

 

Sutil, fecunda gota: luz primera.

Antigua y cada vez recién creada.

En su roce, yo, carne confirmada;

ritual que cada día en sombra espera

 

mi frente. Recibirte, luz certera,

y sentir un instante que la nada

deja de socavar y la abrumada

sangre torna del sueño más ligera.

 

Pero la ansiada lumbre no penetra

la oscuridad de esta raíz incierta

y desde el sueño de la carne implora

 

desorientada el alma; se perpetra

el vértigo y la entraña se despierta

siempre de noche, eterna moradora.

 

 

CUERPO DE NOCHE

 

(Primer Premio de Poesía Instituto de Letras de la Pontificia Universidad Católica de Chile, año 2015)

 

Sólo la noche sabe cuánta noche

cría un cuerpo atizado por la pena.

Los dos ojos vaciados buscan cielo

a la espera de un nombre, y sólo el eco

de su voz y del llanto de las horas

ven arder sin memoria entre la sombra.

 

La luz del día sólo engendra sombra

y no es más que el augurio de la noche.

Sin nombre ni concierto van las horas.

Desierta es la humedad cuando la pena

no encuentra ya su origen, cuando el eco

nacido del olvido inunda el cielo.

 

Si toda claridad viene del cielo

y sólo somos cuerpos dando sombra;

si somos sólo el eco de otro eco

y nuestras aguas siempre están de noche

llorando sin saber de quién la pena,

ni a dónde el cauce lento de las horas,

 

¿A qué seguir llenando instantes, horas,

y con la voz quebrada hablar al cielo

para que extinga el rayo de esta pena

si el cielo se ha tornado un mar de sombra

y no es más que el reflejo de otra noche,

la noche en que Dios quiso oír su eco?

 

Quizás fuera más fácil, siendo eco,

dejar de preguntar por qué las horas

laceran en silencio día y noche

la verdad que creímos en el cielo…

Y ser en el abrazo de la sombra,

y darse en el oficio de la pena.

 

Dios hizo a semejanza de su pena

la voz del hombre; las palabras eco

son del llanto que oculto entre la sombra

derramó para dar nombre a las horas.

No existen las distancias en el cielo:

sin tiempo, todo empieza hacia la noche.

 

Quizás las horas muertas en la sombra

un día abran el cielo con su eco.

Y tanta noche nos valdrá la pena.

 

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Departamento de Extensión y Cultura, noviembre de 2015.