LA POETA ROSA CRUCHAGA (1931-2016) Y EL SENTIMIENTO RELIGIOSO EN LA POESÍA CHILENA

(Detalle de retrato de Rosa Cruchaga, óleo de Claudio Bravo)

El día jueves 17 de marzo de 2016, falleció la poeta chilena Rosa Cruchaga, la primera mujer en ser Miembro de Número de la Academia Chilena de la Lengua (dos exalumnos de nuestro colegio también lo son: Maximino Fernández Fraile y Juan Antonio Massone). Profesora de Castellano, titulada en la Pontificia Universidad Católica de Chile, y de Religión en la Escuela Normal de Angol, publicó numerosos libros de poesía, en los que se puede apreciar su gran oficio como creadora de sonetos, o de otras formas relacionadas con la poesía clásica, y un profundo sentido religioso.

Se inscribe, cronológicamente, en la llamada Generación del 50, y en la línea de los poetas que profesan la fe católica o cristiana, como Miguel Arteche, Gabriela Mistral, Delia Domínguez, Armando Uribe, Eduardo Anguita (exalumno), José Miguel Ibáñez Langlois, Juan Antonio Massone (exalumno), Andrés Morales y otros. Entre sus libros destacan, entre otros, “Descendimiento” (1959), “Elegía jubilosa” (1977), “Bajo la piel del aire” (1979).

Falleció una gran poeta, una mujer de gran carisma (el autor de esta breve nota tuvo el honor de conocerla en aquellos tiempos de estudio en el Campus Oriente y pudo valorar su excepcional calidad humana y literaria), con un fuerte sentido social, familiar y religioso. En “El Mercurio” (domingo 27 de marzo de 2016) se cita el fragmento de una entrevista realizada por ese medio, que la retrata en su religiosidad, humildad y esa aristocracia del alma que es el sello de las grandes personas:  "Ah, que de ella (mi poesía) hablen mis lectores. A mí dejó de interesarme, y dejó de serme necesaria, desde que me amigué profundamente con el Maestro. Porque el 'solo Dios basta' no me parece una exageración teresiana. Puedo jurarlo". Trascribimos uno de sus poemas, y homenajeamos a esta destacada poeta chilena.

Por encima

Por encima de la aurora, 
Dios dormido es de un negro inmancillable. 
Con su otro infinito iluminado: 
un poco, me amanezco. 

De Dios tengo las mitades,
en mi mano sombreada, y la que fulge.
Nada puedo escribir sin que me falte.
Nada puedo esquivar: sin que me inunde.

J.M.R. Depto. de Extensión y Cultura.

(Fotografías de pág. web).