BODAS DE ORO SACERDOTALES DEL PADRE OSVALDO WALKER TRUJILLO, OSA

(Esta crónica fue escrita hace ya varios años, en marzo del 2011. Estaba guardada en alguna carpeta de archivos computacionales. La publicamos aquí, como un recuerdo más de la vida del P. Osvaldo Walker (1934-2017), ex Rector del Colegio San Agustín de Santiago y del Colegio San Agustín de Concepción)

BODAS DE ORO SACERDOTALES DEL PADRE OSVALDO WALKER TRUJILLO, OSA

El día viernes 18 de marzo de 2011, el P. Osvaldo Walker Trujillo, OSA, celebró sus bodas de oro sacerdotales, primeramente con una misa en el templo agustino del centro de Santiago, y luego con un almuerzo realizado en el colegio. El P. Juan Carlos Ayala, Provincial de la Orden de San Agustín en Chile, pronunció una homilía-discurso en que destacó los méritos del P. Osvaldo; fue una pieza oratoria muy completa que reveló conocimiento profundo del religioso homenajeado y, también, un fraternal afecto. Se conmovió el P. Osvaldo, cuando el Padre Provincial le señala que el regalo por las bodas de oro, será un viaje a Roma para la beatificación del Papa Juan Pablo II, lo que tendrá lugar el próximo 01 de mayo. Con el fervor y admiración que despierta la figura de Juan Pablo II en el P. Osvaldo, y la significación profunda de Roma para la Iglesia Católica en la historia, de seguro que ese anunció rebasó los límites de la emoción y de la gratitud en él. También relacionado con Roma, desde allí el P. José Ignacio Busta envió una carta, haciéndose partícipe de la misa de acción de gracias por los cincuenta años como sacerdote del P. Osvaldo y del júbilo por este hecho y por la vida del religioso, carta que fue leída por el Hno. Edson Rodríguez, quien al día siguiente, sábado 19 de marzo, se ordenaba sacerdote en Concepción. En la alocución del Padre Provincial se destacó el espíritu de servicio del P. Osvaldo, su labor incansable de ir recogiendo, acumulando registros del quehacer de la Orden en Chile, para dejar testimonio histórico de éste. Parte fundamental de su vocación tiene que ver con el dejar registro de todo cuanto se relaciona con la Orden de San Agustín y de la Iglesia, expresando de esta manera su adhesión, su fidelidad, su amor hacia éstas. Será también su legado. Así es, todo lo que signifique conservar el patrimonio agustiniano, lo recibe, lo recoge y lo atesora. Le da el justo valor que a veces puede escaparse en el tráfago de las preocupaciones y ocupaciones diarias. Se destacaron también algunas anécdotas de su vida, que revelan su espíritu religioso, su indudable y fino sentido del humor, su agudeza intelectual, su don de gentes, su desprendimiento de muchas cosas de este mundo, para quedarse con aquellas escogidas que dicen relación más bien con los tesoros perdurables: el saber universal, la vida espiritual, el conocimiento del paso del hombre en la historia, especialmente el de la Iglesia y de la Orden Agustina en Chile. Dios, Nuestro Señor y la Virgen, de quien siempre ha estado escuchando, aun desde que estaba en el vientre de su madre, su buena madre que –contó en un momento de su festejo, en el almuerzo en el colegio–, mientras lo esperaba, durante el embarazo, rezaba mil ave marías diarias; desde entonces nunca ha dejado de oír de la Virgen y después, de rezarle devotamente, como hijo agradecido y que ama.

También se recordaron anécdotas, como aquella de cuando se encontró un día con Volodia Teitelboim –Secretario General del Partido Comunista chileno y, al mismo tiempo, un notable intelectual y un escritor de fuste en las letras nacionales– en las afueras de la Feria del Libro ubicada en la Estación Mapocho, y se pusieron a conversar con él, hablándole al político (situado en las antípodas del pensamiento del religioso) de un gran agustino, el P. Alfonso Escudero, quien había sido uno de los más notables críticos y estudiosos de la literatura chilena de mediados del siglo XX, lo que Teitelboim recordaba claramente, despidiéndose luego el Padre del prohombre del comunismo chileno; ambos hicieron gala de la gentileza de dos seres que se reconocen como intelectuales aun con sus grandes diferencias; o historias como la relacionada con la definición que hacía el profesor Charles Abello –citaba el Padre Ayala–, medio en broma, medio en serio, de la vida del P. Osvaldo, después de colocar en la balanza todos sus actos; según Charles Abello, la vida del P. Osvaldo Walker era, finalmente, “un exitoso fracaso”, en la paradoja de algunos hombres notables que no van tras los éxitos ni los honores (para muchos eso sería un fracaso) y, sin embargo, encuentran la plenitud, la paz del corazón, la dicha de la presencia de Dios en sus vidas, como sin proponérselo. Ése es su éxito, más bien, ése es el más preciado don que nadie quisiera cambiar jamás una vez hallado. Luego de la misa solemne –en la que los cantos fueron interpretados por el armónico y majestuoso coro de Dn.Vicente Bianchi, acompañados por la impecable música de un órgano hábilmente pulsado–, el P. Osvaldo recibió el saludo de numerosos amigos, familiares y parientes.

Luego, en el colegio se realizó el almuerzo, con la presencia de mucha gente: sacerdotes y religiosos e ilustres invitados de los ámbitos religioso, artístico y académico, de los que señalamos aquí, para conservar memoria de ellos, el nombre de algunos: el P. Fernando Valenzuela, ex rector del colegio por dos períodos; el P. Paulo López, Secretario Provincial; el P. Manuel Saavedra, quien vino desde San Fernando; el Sr. Vicente Bianchi, destacado músico, pianista, compositor, director de orquesta y de coros chileno; el Sr. Sergio Martínez Baeza, presidente de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía; el Sr. José Miguel Barros, presidente de la Academia Chilena de Historia; el Sr. Isidoro Vásquez, Miembro de Número de la Academia Chilena de Historia; el Sr. Jorge Hidalgo, Premio Nacional de Historia; el Sr. Juan Antonio Massone, Miembro de Número de la Academia Chilena de la Lengua, poeta, ex alumno y ex profesor del colegio; el Sr. Guillermo Carrasco Notario, asesor cultural de la Provincia Agustina y Miembro del Instituto Agustiniano de Roma, poeta; hubo también representantes de la Sociedad Filatélica, de la Comunidad Hijas de Santa Mónica, del grupo de oración El Buen Consejo del colegio San Agustín de Santiago, del colegio San Agustín de Concepción, donde el P. Osvaldo fue rector por muchos años, de la Parroquia de San Fernando, de la Parroquia San Agustín de Concepción; representantes del Grupo Scouts San Agustín; profesoras y profesores del colegio. El P. Clemente Farías, vicerrector del colegio y Director de Pastoral, no pudo asistir por estar en la clínica, recuperándose todavía, satisfactoriamente, de una dolencia que llevó a los médicos a internarlo–; estuvieron también los hermanos del P. Osvaldo: Carlos, Andrés y Silvia del Carmen; en fin, fue una celebración con mucha compañía, en un marco de afecto y de testimonios de personas muy cercanas a él.

Hicieron uso de la palabra el P. Paulo López, OSA, el profesor Víctor Quinteros, el académico Juan Antonio Massone, la hermana del Padre, Silvia del Carmen Walker, y otras personas, entre ellas una amiga de tiempos de la universidad, en la carrera de Bibliotecología, contando alguna anécdota de entonces que revela la picardía, el sentido del humor y la gallardía del P. Osvaldo, y esa modestia y bajo perfil que cultiva graciosa y alegremente. A propósito de esto, cuando el Padre volvió de la Iglesia San Agustín del centro de Santiago, preparándose para estar con sus invitados en el almuerzo, el redactor de esta crónica se acercó a saludarlo (fue un momento en que el Padre estaba solo), y al responder los saludos, aludiendo a los elogios que había recibido en la misa de acción de gracias, de mucha gente, le espetó, entre incrédulo, modesto y con un finísimo humor: “¿Te fijaste?... La cantidad de mentiras que han dicho de uno…”, lo que recordó al cronista una anécdota escuchada hace años, tomada del escritor chileno Luis Oyarzún, oída a su vez de Gabriela Mistral. Se cuenta que la festejaban a ella y los discursos eran muy elogiosos, y la gran poetisa, moviendo su cabeza, murmuró a uno de sus acompañantes: “¡Qué lindo sería que todas estas cosas las dijeran de una…!”; así es el P. Osvaldo, no se envanece y sabe recibir, en su justa medida, lo que los otros descubren en él. Por cierto que cuanto se decía de él era puro merecimiento, y ayer, una perfecta ocasión para homenajearlo en clave fraterna y de reconocimiento a su vida consagrada.

Luego habló el Padre para agradecer esta celebración, se veía contento, sentado a la mesa, flanqueado por sus hermanos Carlos, Andrés y Silvia del Carmen, el P. Paulo López, la religiosa agustina Hna. Mercedes Rojo y religiosos agustinos, el Hno. Edson Rodríguez (hoy ya sacerdote), el Hno. Bernardo Jaramillo, y en el salón, muchos amigos y amigas, en un clima de fraternidad y de gracia. Laus Deo!

 

J.M.R., 19 de marzo de 2011