PEDAGOGÍA AGUSTINIANA

EL CAMINO DE LA INTERIORIDAD AGUSTINIANA Y LA EDUCACIÓN

“El camino agustiniano de la interioridad se caracteriza por tres momentos: no salir de sí mismo, volver al corazón y trascenderse. No salgas fuera de ti es la primera consigna. Una invitación a no caer en las redes del vacío y la improvisación. Busca tiempo para estar y hablar contigo mismo. No olvides que tú eres la tarea más importante de tu vida. Acepta la vida como tu gran proyecto. No salir fuera de uno mismo, en ningún caso, supone el olvido de las realidades terrenas y el olvido de los demás. Vuelve al corazón, entra dentro de ti mismo, no temas alojarte en tu mundo interior. Conócete, valórate. En la interioridad construimos nuestra propia vida. Es en este espacio neurálgico donde decidimos nuestro propio destino. Si queremos conocernos, pasear por nuestros sentimientos, saber a quién amamos de verdad, tenemos que mirar hacia dentro. Desde nuestro interior podemos renacer y en nuestro interior podemos envejecer, y hasta morir (cf. Mateo 15,10-20). Late aquí una afirmación fundamental: «En el interior del hombre está la verdad; es en el interior del hombre donde habita Dios como en su templo; es el interior del hombre donde Cristo, maestro interior, enseña al hombre la verdad»(El maestro 11,38).

Trasciéndete a ti mismo. Asómbrate. La interioridad agustiniana no es sólo un método de introspección o autoconocimiento. Una interioridad sin trascendencia puede convertirse en narcisismo, misantropía y fría soledad. Trascenderse es salir al encuentro de Dios y empeñarse en la construcción de quien todavía no somos. El camino de la trascendencia es un camino de superación y de esperanza. La falta de autoestima produce un enorme desgaste personal y provoca el sufrimiento y la culpabilidad”.

(En “Educar para la interioridad”, P. Santiago M. Insunza, OSA, FAE)